Yoga, cuerpo, introspección y maternidad: aprender a regularnos para relacionarnos de una manera diferente
Cuando hablamos de maternidad, muchas veces ponemos toda nuestra atención en los hijos.
¿Está comiendo bien?
¿Está durmiendo?
¿Está teniendo berrinches?
¿Estoy poniendo suficientes límites?
¿Lo estoy haciendo bien?
Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos:
¿Qué está pasando conmigo mientras intento acompañar a mi hijo?
La maternidad no ocurre en el vacío. Criamos mientras trabajamos, resolvemos pendientes, pagamos cuentas, cuidamos una casa, sostenemos relaciones y tratamos de encontrar un espacio para nosotras mismas.
Y todo ese estrés también llega a nuestra forma de relacionarnos con nuestros hijos.
Por eso, hablar de regulación emocional en la maternidad no significa aprender a no sentir enojo, frustración, miedo o cansancio.
Significa aprender a reconocer lo que ocurre dentro de nosotras antes de actuar desde ello.
Regularte no significa dejar de sentir
Una de las ideas más importantes de esta conversación es que la transformación emocional no consiste en eliminar las emociones.
El enojo puede seguir apareciendo.
La frustración puede seguir apareciendo.
Podemos seguir teniendo días en los que estamos cansadas, saturadas o simplemente no tenemos paciencia.
La diferencia está en lo que hacemos cuando esas emociones aparecen.
Existe una diferencia entre sentir una emoción y reaccionar automáticamente desde ella.
Cuando podemos reconocer que estamos enojadas, hacer una pausa y preguntarnos qué está sucediendo, aparece la posibilidad de elegir cómo queremos responder.
No siempre vamos a responder perfectamente.
Pero podemos empezar a crear un pequeño espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos.
Y ese espacio puede cambiar muchas cosas.

¿Qué tiene que ver el yoga con la regulación emocional?
Para Andrea —conocida como Radhi Yoga— la práctica del yoga ha sido una forma de trabajar no solamente con el cuerpo, sino también con la mente.
Después de 16 años de práctica, describe algo que resulta especialmente interesante: el movimiento puede convertirse en un medio para desarrollar mayor presencia y calma.
En yoga, el cuerpo no está separado de la experiencia mental.
Mientras sostienes una postura, puedes observar tu respiración, las sensaciones de tu cuerpo y lo que ocurre internamente.
Esto puede convertirse en una práctica de observación.
Y observarnos es una habilidad importante para la regulación emocional.
La introspección: observar antes de reaccionar
La introspección puede entenderse como la capacidad de observar lo que ocurre dentro de nosotras.
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué está pasando en mi cuerpo?
¿Qué pensamiento apareció?
¿Qué necesito?
¿Qué estoy a punto de hacer?
La práctica de yoga y la meditación pueden ayudarnos a desarrollar esta capacidad de observar.
Cuando aprendemos a observar nuestros pensamientos y emociones, podemos comenzar a entender que tener un pensamiento o sentir una emoción no significa que tengamos que actuar inmediatamente desde ella.
Por ejemplo:
Tu hijo hace algo que te molesta.
Sientes cómo aumenta la tensión en tu cuerpo.
Tu respiración cambia.
Aparece el enojo.
Y antes de gritar, puedes notar:
“Estoy muy enojada.”
Ese momento de conciencia no elimina el enojo.
Pero puede darte una oportunidad para decidir qué hacer con él.
La regulación emocional no consiste en no sentir.
Consiste, en parte, en poder ver lo que sentimos antes de que la emoción decida por nosotras.
Cuando la regulación emocional entra en la maternidad
Aquí aparece una pregunta especialmente importante para las madres:
¿Qué aprende mi hijo de la manera en que yo manejo mis emociones?
Los niños no solamente escuchan nuestras palabras.
También observan cómo reaccionamos cuando algo sale mal.
Observan qué hacemos cuando estamos frustradas.
Cómo hablamos cuando estamos enojadas.
Cómo resolvemos los conflictos.
Cómo tratamos a nuestra pareja.
Cómo nos tratamos a nosotras mismas.
Por eso, nuestra regulación emocional también forma parte del ambiente en el que nuestros hijos aprenden a relacionarse con sus propias emociones.
No porque tengamos que convertirnos en madres perfectamente reguladas.
Sino porque somos modelos importantes dentro de su experiencia cotidiana.
Tu hijo también aprende de cómo reparas
Esto es importante:
No necesitas estar regulada todo el tiempo para ser una buena madre.
Vas a perder la paciencia.
Vas a levantar la voz algún día.
Vas a equivocarte.
Vas a tener momentos en los que pienses:
“Esto no era lo que quería hacer.”
La regulación emocional no consiste en alcanzar un estado permanente de calma.
También implica poder reconocer lo que ocurrió, asumir nuestra responsabilidad y reparar cuando es necesario.
Puedes decir:
“Hace un momento estaba muy enojada y te hablé de una manera que no estuvo bien. Lo siento. Voy a intentarlo de otra manera.”
Eso también enseña.
Criar no significa dejar de ver al niño como una persona
Durante la conversación apareció otra idea que me parece especialmente poderosa para la maternidad:
ver al niño como una persona.
Esto puede parecer obvio, pero cambia profundamente la manera en que nos relacionamos con ellos.
Un niño pequeño sigue siendo una persona con emociones, preferencias, necesidades y una experiencia interna.
Esto no significa que tenga que tomar todas las decisiones.
Los niños necesitan límites, estructura y adultos que puedan guiarlos.
Pero poner límites no requiere dejar de reconocer su humanidad.
Podemos decir:
“No puedes hacer esto.”
Y al mismo tiempo comunicar:
“Entiendo que estás molesto.”
Podemos sostener un límite sin humillar.
Podemos decir que no sin recurrir al miedo.
Podemos acompañar una emoción sin permitir cualquier comportamiento.
La regulación emocional también cambia la manera en que ponemos límites y nos vinculamos.

El miedo puede detener una conducta, pero no necesariamente enseña
Durante la entrevista surgió un ejemplo muy cotidiano: un adulto que golpea la mano de un niño porque tiró comida al suelo.
El niño puede dejar de hacerlo.
Pero la pregunta es:
¿Qué aprendió realmente?
¿Aprendió por qué esa conducta no es apropiada?
¿O aprendió que debe tener miedo de la reacción de su padre?
Los límites son necesarios.
Pero la manera en que los establecemos también comunica algo sobre las relaciones, el poder, el respeto y la seguridad.
Por eso, regularnos no significa simplemente “controlar nuestro enojo”.
También significa preguntarnos:
¿Cómo estoy transmitiendo esta emoción a la persona que tengo enfrente?
Maternidad, yoga y el espacio para volver a ti
Durante el embarazo y el posparto, esta conversación adquiere otra dimensión.
El cuerpo cambia.
La identidad cambia.
Las rutinas cambian.
Las necesidades cambian.
Y, especialmente después del nacimiento de un bebé, puede ser muy fácil sentir que todo nuestro espacio mental y físico comienza a girar alrededor de otra persona.
Para Andrea, mantener su práctica de yoga durante el embarazo y el posparto representó también una manera de conservar un espacio propio.
En el posparto, describe esos 20 o 30 minutos de práctica como un momento de regulación y como una forma de recordar que ella seguía existiendo más allá de su identidad como mamá.
Y esto abre una conversación importante:
Cuidarte no significa que estés dejando de cuidar a tus hijos.
A veces, cuidarte significa darte un espacio para volver a ti.
Para respirar.
Para sentir tu cuerpo.
Para bajar el ritmo.
Para descansar.
Para procesar lo que has vivido durante el día.
Para recordar que también eres una persona con necesidades.

No necesitas practicar yoga para empezar a regularte
El yoga puede ser una herramienta.
La meditación puede ser otra.
La psicoterapia puede ser otra.
Caminar, descansar, respirar, escribir, hablar con alguien de confianza o simplemente aprender a identificar las señales de tu cuerpo también pueden formar parte de tu proceso.
La herramienta no es lo único importante.
Lo importante es desarrollar una relación diferente con tu mundo interno.
Empezar a preguntarte:
¿Qué está pasando dentro de mí?
En lugar de esperar hasta llegar al límite.
La regulación también se construye en lo cotidiano
No siempre necesitamos grandes cambios.
A veces comienza con algo pequeño.
Antes de responderle a tu hijo cuando estás muy molesta:
Haz una pausa.
Nota tu respiración.
Siente tus pies en el suelo.
Observa qué está pasando en tu cuerpo.
Pregúntate:
¿Estoy reaccionando o estoy eligiendo cómo responder?
Y si ya reaccionaste:
¿Qué puedo reparar ahora?
Estas pequeñas pausas pueden convertirse, con el tiempo, en una nueva manera de relacionarte contigo misma y con los demás.
El mejor regalo que puedes ofrecerles no es una madre perfecta
Durante la conversación hablamos de una idea que resume gran parte de este tema:
Nuestros hijos están aprendiendo de nosotros.
Pero esto no significa que tengamos que ser un ejemplo perfecto.
Significa que también podemos mostrarles cómo un adulto reconoce sus emociones, busca ayuda, se equivoca, repara y continúa trabajando en sí mismo.
No necesitan una mamá que nunca se enoje.
Necesitan una mamá que pueda aprender qué hacer con su enojo.
No necesitan una mamá que nunca se sienta sobrepasada.
Necesitan una mamá que pueda reconocer cuando necesita apoyo.
No necesitan una mamá perfecta.
Necesitan una relación suficientemente segura en la que también exista espacio para reparar.
Trabajar en ti también forma parte de criar
La maternidad puede despertar partes de nosotras que no sabíamos que estaban ahí.
Puede activar heridas antiguas.
Puede confrontarnos con nuestra propia historia.
Puede mostrarnos patrones que aprendimos mucho antes de convertirnos en madres.
Y trabajar en todo esto no significa que estés haciendo algo mal.
Significa que estás tomando conciencia.
Puedes preguntarte:
- ¿Qué situaciones con mis hijos activan mis emociones con mayor intensidad?
- ¿Qué hago cuando estoy sobrepasada?
- ¿Qué aprendí en mi propia infancia sobre el enojo?
- ¿Cómo se manejaban los conflictos en mi familia?
- ¿Qué quiero repetir y qué quiero hacer diferente?
- ¿Qué necesito para sentirme más segura y disponible emocionalmente?
A veces, cambiar la manera en que criamos comienza mucho antes de cambiar la manera en que hablamos con nuestros hijos.
Comienza por conocernos.
Para escuchar la conversación completa
En este episodio de Enfoque Interior Terapia converso con Andrea, conocida como Radhi Yoga, sobre yoga, regulación emocional, introspección, maternidad y la conexión entre cuerpo y mente.
Si este tema resonó contigo, te invito a escuchar el episodio completo y continuar explorando cómo tu propia historia, tu cuerpo y tu sistema nervioso pueden influir en la manera en que te relacionas contigo misma y con tus hijos.
¿Y si quieres comenzar a trabajar en ti?
No tienes que esperar a sentirte completamente desbordada para pedir apoyo.
La terapia puede ser un espacio para comprender tus patrones, explorar tu historia y desarrollar nuevas formas de relacionarte contigo misma y con las personas que amas.
Si quieres explorar qué está ocurriendo específicamente en tu caso, puedes agendar una sesión de claridad conmigo.

